Collection
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From our collection is a program that aims to exhibit the works of local artists from our storeroom and that are part of the Collection of the Museum of Art in El Salvador.
Rosa Mena Valenzuela 1913-2004 Santa Cena Técnica mixta sobre papel s/m 67x98cm c/m 87.5 x 118.5 cm Donación Familia Balseiro, Colección MARTE
SANTA CENA DE ROSA MENA VALENZUELA
Solo en tu blanco manto, Solo entre tantos, Con tus ojos vaciados frente a la copa de oro, Miras tu desamparo, Cristo de Rosa Mena Valenzuela. Ya abatido Por miradas que no te comprendieron Avanzas hacia adentro, Cristo desde el cual dice Rosa su inmensa soledad.
Pintando frenéticamente, sabiendo que le iba en ello la vida, Rosa pintaba sin reparar en perfecciones que habían dejado de interesarle hacía mucho tiempo. Era una desesperada necesidad de expresar y esas líneas inconclusas, esos rostros corregidos y re-corregidos, eran una visitación de espíritus que habitaron a los antiguos pintores, don Diego de Silva y Velázquez (él lo escribía con dos zetas) o Sandro Boticelli, o… pero ella los traducía a un mundo pictórico más antiguo, el de los hacedores de íconos de la Rusia medieval, severos y cargados de lujosos oros, pero ella los traducía a un mundo pictórico más moderno, el de los expresionistas, que llegaron para quedarse a comienzos del siglo XX y que prolongan su lección entre los grafiteros aunque ellos lo ignoren. Pero no lo ignoraba Rosa al desatar sus grafitis espléndidos, pues tiene mucho de un grafiti su obra.
Esta Santa Cena de Rosa no es, como otras obras suyas, una rescritura de otros lienzos, o en este caso, de las famosas últimas cenas que vienen a nuestras mentes. El Cristo de los ojos vacíos ocupa el centro de la composición y está rodeado casi simétricamente por los otros personajes, como en un icono medieval, pero estos personajes no son sólidos. Se diría más bien una congregación de fantasmas. Ese Cristo que nos mira con solemne tristeza es un muerto que nos mira. Los apóstoles se superponen los unos a los otros acusando transparencias de espíritus. El que alarga su cabeza desde abajo como atravesando la mesa tiene un cuerpo invisible, apenas sugerido, y alguien vestido de azul lo besa. Se ha deslizado hasta ahí con arteras mañas que no vemos. Es Judas y la serpiente. Es el futuro de esa noche. Pero esta cena no es la última. Como en la misa repetimos una y otra vez la Última Cena, estos personajes la vuelven a actuar en un espacio que no es el nuestro. Lo han hecho muchas veces. Rosa Mena Valenzuela nos ha abierto una ventana hacia ese espacio.
Ricardo Lindo Curador invitado |